– Ahora necesito un cambio –

Lo que sea, que me odies, que me quieras, pero un cambio. No podemos seguir en esta indefinición eterna. Ni te adoro, ni te detesto. Ni eso, ni todo lo contrario.

No te ruborizas si te miro detenidamente, no se altera mi pulso cuando te desnudas. No te ríes con mi nuevo repertorio de imitaciones, no te espero en la salida del trabajo.

Ya no nos abrazamos y eso no nos preocupa. Parece que la vejez llegó a nosotros tan de repente. Te soporto y me soportas, y eso parece bastar.

– Acechas de una forma siniestra –

Acechas de una forma siniestra, con colmillos ensangrentados, con uñas afiladas, con la mirada perdida en el desorientado otoño. Y me dices que me amas y me dejo querer. Y siento tus colmillos y tus uñas en el desorientado otoño.

Acechas de una forma siniestra, y te digo que te amo, pero no te dejas querer. Dices que ahora toca separarnos y expandir nuestra enfermedad. Así me encuentro. Colmillos sedientos, uñas deseosas de arañar buscando presa complaciente.

– Deseos –

Te veo caer al suelo, como la nota que dejé arrugada en tu pecho. Todo lo que escribo se cumple, inmediatamente se vuelve realidad, vidente de un futuro por mí deseado. Deseé tus ojos y se acercaron a los míos. Deseé tus labios y a los míos se sellaron. Deseé tus piernas y las recorrí por completo.

Una tarde de tormenta, de tu torpe descubrimiento, de tu repentino cambio de actitud sabiendo lo artificial de nuestro amor, deseé tu muerte, inconsciente de mi poder.Y ahora por más que deseo y sueño tu vuelta, es imposible verte resurgir. Así que tomo notas, deseo volverte a ver, deseo, deseo, deseo, no me trevo a decirlo, deseo morir, deseo reencontrarte aunque sea así, desvanecida en éter, en huesos. Sí, deseo morir, y ya lo noto, ya se acerca, ya.

– Que me recuerdes –

Que me recuerdes no sé si es bueno. Que me tengas aprecio creo que no es bueno. Sigue ahí latente la virtud y el defecto.  Queda latente como parte del pasado. Y yo quiero ser parte de ti o no ser nada.

Que me recuerdes me desagrada. Que me tengas aprecio me hace vulnerable. ¿Cómo decir no a cualquier petición que haces? ¿Cómo no seguir queriéndote ante cada palabra tuya?

– Buenas referencias –

Te busco, te busco incesantemente, desde el primer segundo en el que tuve conciencia, desde el momento en el que vi con claridad la angustia del paso de los días.

Te busco sobre todas las cosas. Eres tú, no lo dudes, eres tú cuando lees a Murakami sin parar, eres tú si escuchas a Jorge Drexler las mañanas de lluvia. Eres tú, que admiras las viejas comedias de Woody Allen, que no puedes parar de ver The Wire.

Te busco, te busco porque mi vida va en ello, porque aún creo que puedo salvarme. Te busco. Te necesito. Buenas referencias.

– Mi vida en el cine –

Vi pasar mi vida y resultó ser una comedia. Jason Biggs me interpretaba y no se llevó a la chica. Natalie Portman la coprotagonizaba y me ignoraba profundamente.

Sucedió en un Nueva York denso, en el distrito de Manhattan, en pleno invierno, con la nieve a nuestros pies, con la duda eterna que acecha.

Sonaba Kings of Convenience para acentuar la despedida. No hubo ni tiempo para la esperanza, el guionista apostó por un final cruel, descarnado, como la vida, como el cine.

– Ganar en la derrota –

Se puede ganar en la derrota. He aprendido hacerlo. No esperar nada de nadie, no tener grandes metas, simplemente disfrutar del silencio, del final que se acerca.

Se puede ser positivo en la caída. Apreciar el duro golpe, reponerte sin más, sin esperar volver a alzarte. Me vale con gatear, me vale con arrastrarme por el suelo y acercarme a tus pies. Con eso me vale.